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Yo condeno la violencia, ¿y tú?


Francisco J. Gordo.

Alternativa Republicana.

Publicado originalmente en AguilasNoticias.com


La sociedad divaga sin rumbo. Nos hacen creer que está todo controlado, pero el hecho de ejercer control deja evidente que algo falla. Nos hemos acostumbrado a ver cada vez más presencia policial en las calles. Nos hemos hecho inmunes a ver la desolación entre las miradas de la gente que no tiene para comer siquiera. Nos hemos hecho menos personas y más rebaño.

Al igual que a las gallinas cuando se las encierra en un gallinero lleno de jaulas pequeñas sin acceso a la luz natural donde sólo puedan poner huevos, a nosotros también nos apagan la luz y nos la encienden de nuevo para que pongamos dos huevos al día en vez de uno.

Hemos normalizado alterar completamente el ciclo del sueño siempre y cuando sea para seguir consumiendo, para seguir produciendo. Nos alejamos del proyecto social con valores que deberíamos ser, para ser meros números, para valer sólo lo que tengamos en la cuenta. Todo lo demás ya no importa.

Carecemos de medios para avanzar en medio de este paraje antinatural rodeados de cemento y apatía. Somos la mirada que apartamos ante las injusticias y nuestra insolidaridad hacia el que pasa hambre. El cómo nos tratamos como personas vale más que todas las posesiones habidas y por haber, sólo eso debería importar. Incluso cabe destacar también si los animales de tu entorno te devuelven la mirada enternecida para demostrar que realmente mereces su compañía.

No hacemos más que normalizar una opresión que nos asfixia. Un salario que no da para vivir dignamente. Un entorno que nos intoxica. Un consumo que nos dinamita. Y una pobreza que nos aliena precisamente por buscar el siguiente euro para poder gastarlo. “La carrera de la rata” también se llama.

Los medios nos dicen dónde tenemos que mirar, qué tenemos que pensar. No todos, claro, los sigue habiendo libres y autogestionados. Estamos en un momento de autocensura por “el qué dirán”, seguimos siendo presa de esa España profunda de “correveidile” y ese “¡silencio!” que exclamaba Bernarda Alba en nuestro teatro lorquiano del siglo pasado.



Mientras sigamos mirando la luna que nos señalan, nos seguiremos perdiendo la infinidad de las estrellas. Somos presas de nuestra propia libertad. Somos libres de elegir nuestra celda.

Quienes manejan los intereses de todos nosotros, nos quieren apagados o fuera de cobertura. Para ello sólo necesitan una dosis de daño ejemplarizante, de miedo hacia las masas; y ya tendrán el caldo de cultivo para que normalicemos la opresión de nuestros convecinos. Sus palabras nos hacen ver que la violencia es violencia venga de donde venga, pero en realidad sus bolsillos quieren decir que la violencia está justificada excepto cuando se ejerce hacia ellos.

Entendiéndose violencia, como no podía ser de otra manera, por la fuerza extrínseca que es ejercida sobre un sujeto para imponerle realizar un acto. Ya que la violencia por la violencia, es demencial. Toda causa aunque sea punible siempre acaba teniendo un motivo aunque sea secundario. Como sociedad debemos llegar a ese interés escondido que nos lleva los unos a los otros para poder aplacarlo sin tener que llegar a límites insospechados.

Los gobernantes deben facilitar la permeabilidad del cambio sobre medidas poblacionales para que no les suponga una violencia ejercida hacia sus ciudadanos, de la misma forma que una sociedad pacífica viene dada gracias a esa misma flexibilidad de la norma para conseguir adaptarse a la sociedad de cada momento sin llegar nunca a extremos que se retroalimenten entre sí y acabe siendo insostenible.

En el momento en el que los medios del Estado nos ofrecen “pan y circo” para que veamos cómo disuelven manifestaciones en el Paseo de Gràcia o cómo los manifestantes queman y derriban contenedores, ya han ganado. Ya han ganado el que seas parte del ganado.

Una res más que lejos de ver la causa y el efecto, se limita a tener la carnaza necesaria para alegrarse por ver cómo cargan unos y padecen otros. En lugar de plantearse que esto es insostenible por parte de la sociedad en su conjunto.

Al menos, de una sociedad que se considere con valores; con empatía y con capacidad de entendimiento. Quedan claros los intereses de unos y de otros, mientras exista opresión hacia una de las partes, guardar equidistancia supondrá ser cómplice del opresor.

Existe un futuro para los que sean críticos con lo que escuchan, ven y leen. Para todos los demás, ya han elegido su propia cárcel de libertad. Una cárcel mediática donde cada canal tiene los barrotes de distinto color, donde nos metemos pensando que elegimos; pero sólo elegimos en cuál de ellas entrar (elegir sería apagar la televisión). Si cada barrote fuese una opinión a seguir, hay quien todavía se queda dentro sin saber que la puerta está abierta. Al final, violencia es que los medios nos digan lo que está bien y lo que está mal.


Alternativa Republicana no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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