Manifiesto Segovia 14 de abril ni reyes ni guerras


14 DE ABRIL DE 2022 – Manifiesto

No vamos a insistir en el viejo tópico significando que “Éste 14 de abril adquiere especial relevancia y trascendencia” y no lo vamos a hacer porque creemos llegado ya el momento de que cada día sea especialmente relevante y trascendente en la consecución de la III República. Ahora, hoy, en abril de 2022, tenemos la inaplazable obligación de recapitular y comprobar si en cuatro décadas la sociedad española ha avanzado o retrocedido en cuanto se refiere a derechos civiles, conquistas sociales, calidad democrática y condiciones de vida. Llevamos demasiado tiempo padeciendo un conglomerado de circunstancias, todas adversas para la mayoría social, que ahogan nuestras expectativas, colapsan nuestras iniciativas, deterioran nuestras condiciones de vida, limitan nuestras capacidades y contaminan nuestra convivencia.

Estamos empezando a superar una pandemia que se ha mostrado especialmente hostil y que nos ha ido, también, desvelando el progresivo deterioro de nuestros servicios públicos. Una pandemia que une sus perniciosos efectos a los durante muchos años acumulados como consecuencia de la acción combinada de los “poderes reales” con un entramado institucional muy carente de bases democráticas sólidas y cuyo único sentido aparente es perseguir disidencia, obstaculizar la acción ciudadana, proteger la corrupción, monopolizar y manipular la información y prolongar la agonía de una Monarquía que sigue siendo la cobertura moral de un Régimen del 78 y de una Constitución ya amortizados y vacíos.

Pero, asistimos también al progresivo avance del fascismo y a una acomodación de ese Régimen del 78, agónico y carente de resortes, a su normalización y no a su aislamiento. Socialmente, daría la penosa impresión de que estamos, ¡tod@s!, desarmad@s ideológicamente ante hechos consumados que nos debilitan como Sociedad y nos arrinconan como ciudadanos y ciudadanas libres si no fuera porque los avances de la lucha feminista y el progreso de la perspectiva republicana en distintas nacionalidades del Estado, siguen manteniéndonos vivos y alimentando nuestros anhelos de igualdad.

La acción de la izquierda, en su vertiente institucional, parece atenazada por la adversidad imperante y no acaba de encontrar argumentos, cuando los busca, que reconecten a la Sociedad con los objetivos, los viejos y los nuevos, que definen nuestra convicción republicana.

Para que no falte de nada, se nos impone una guerra que se juega en un tablero trucado por cuanto no son los intereses del pueblo ruso, ni los del pueblo ucraniano, ni los de los ciudadanos europeos los que están confrontándose. Son recursos naturales y la lucha por su control, son intereses comerciales y geoestratégicos de las grandes potencias, especialmente Rusia, EE.UU. y China los que condenan a la población, en unos casos a morir o sufrir desplazamientos y, en todos los casos, a soportar los costes de “sus guerras” y las consecuencias de sus movimientos especulativos que a las élites enriquece y, al resto, empobrece. Su dominio y control de los medios de comunicación nos obliga a observar el conflicto bélico desde el mismo tratamiento informativo, interesado y acrítico, con el que arremeten contra los servicios públicos y los logros sociales.

Castilla y León y su nueva configuración política pretende ejercer de modelo de la España autoritaria, insolidaria, corrupta y antisocial que se nos está tratando de imponer a base de políticas neoliberales. Nuestra tierra ha sido la excusa para consolidar la “normalización” de la presencia de la ultraderecha en las instituciones y, con ello, avanzar irremediablemente hacia escenarios muy adversos para las mujeres, para los y las trabajadoras y para la calidad democrática de nuestra convivencia. Castilla y León es hoy el escaparate del deterioro institucional y del agotamiento de una Constitución que no da respuesta a muchos de los retos que impone la evolución de la sociedad. Es, en este contexto en el que en Castilla y León se habrá de gestionar el envejecimiento, el despoblamiento, la falta de natalidad, la carestía de infraestructuras, de servicios y de actividad económica, males que vienen marcando tendencia ascendente en las últimas décadas. Asistiremos, nadie lo duda, a un empeoramiento de las condiciones de vida, a un retroceso en derechos y libertades y a un progresivo hostigamiento hacia la disidencia.

No podíamos, en una fecha tan señalada, dejar de acordarnos de Juan Carlos de Borbón y de su mil veces repetida frase “La Justicia es igual para todos”. Su ingente fortuna, calculada por el ‘New York Times’ en 2.300 millones de euros, no responde a los ingresos que, en razón a su cargo como Jefe del Estado, le correspondían. Sus presuntas acciones delictivas han quedado sepultadas, una y otra vez, por el eficiente trabajo de fiscales, jueces y otras variedades de súbditos leales. Viene al caso, pues, recordar las palabras de la periodista Ana Pardo de Vera en su reciente visita a Segovia el pasado día 11 de Marzo relativas a las respuestas que daba un “altísimo magistrado, presidente de sala del Supremo” a sus preguntas; decía que “si llega al Supremo, la causa está muerta” y “lo mejor que le puede pasar al rey es que su causa llegue al Supremo”. Recientemente, la Justicia británica ha negado la inviolabilidad del monarca por considerar que los hechos que se le imputan no guardan relación con su actividad como Jefe del Estado. La Justicia española, una vez más, se posiciona conforme a un legado heredado de la “Justicia” del anterior régimen. De cualquier forma y a pesar de que los reyes de España, especialmente los Borbón, han robado y han traicionado y vendido España, hemos de recordar permanentemente que la República no se construye sobre la base de los errores, deslices y delitos de los monarcas sino sobre los firmes valores del republicanismo, sobre la memoria de quienes nos precedieron y los defendieron con sus vidas y haciendas y sobre la esperanza en que la III República ofrezca definitiva respuesta de radical plenitud democrática en libertad, igualdad y fraternidad.

Es llegado el momento, pues, de hacernos partícipes de cambios tan necesarios como urgentes que redireccionen la acción política y colmen las expectativas ciudadanas. Hemos de superar esta democracia de baja intensidad de la “Transición” porque ya resultan irrespirables sus fétidos aromas que nos precipitan, dolorosamente, hacia el fascismo. Hemos de trabajar, cada cual desde sus posibilidades, por la unidad en la consecución de objetivos transformadores y motivadores que nos hagan avanzar. Y, a quienes repiten cada día que la República no toca o que no es el momento, hay que decirles, alto y claro, que la lucha por la República es el resorte de unidad que precisamos, es la justificación de cuanto pretendemos como justo, es el perpetuo estímulo de nuestro ardor democrático y es lo que los pueblos que conformamos el Estado necesitamos como instrumento y material para construir nuestro futuro en paz, en libertad, en igualdad y en fraternidad. Nuestra fuerza es el sólido convencimiento de que lo mejor que le ha pasado a nuestro país en su Historia se llama REPÚBLICA.

Compañeras y compañeros,

¡NI REYES NI GUERRAS!

¡VIVA LA REPÚBLICA!