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Laicidad Republicana


Rafael Luna Maguilla.

Alternativa Republicana.


El Laicismo, aparece históricamente como uno de los principios básicos de toda democracia vinculado al reconocimiento de la libertad de pensamiento, a la igualdad entre la ciudadanía, en derechos y deberes y, por tanto, a la no discriminación por razón de sus ideas y creencias.


Laicidad republicana no es una ideología anti-religiosa, una especie de dogma contra la libertad de conciencia. Por el contrario, es una garantía de libertad. Protege el libre ejercicio de la religión y la libre elección de cada individuo.


No es que la laicidad sea un dogma republicano. Es exactamente lo contrario. Con la llegada de los Ilustración y el espíritu de tolerancia de Voltaire, que fue impulsado por la influencia filosófica y científicos, muy fuerte a finales del siglo XIX, el racionalismo, el positivismo y el cientificismo. No es una verdad revelada a los republicanos. Es la hija de la razón, que se aplica a la duda. La fe tiene que ser ciega y simple.


Si se protege la libertad de elección, sin embargo, el laicismo prohíbe opciones de denominación que pesen sobre la deliberación pública. No es, repetimos, anti-religiosa, pero es deliberadamente anti-clerical. Se erige como baluarte de la neutralidad absoluta frente a la influencia de la religión en las instituciones públicas y, en primer lugar, en la escuela pública, ya que la escuela es precisamente donde se forja el crisol de la libertad de conciencia y dónde está la integración republicana.



Sin embargo, los republicanos no somos absolutamente hostiles a la existencia de una educación privada. Somos conscientes de que algunos padres quieren ofrecer una educación específica a sus hijos. Nuestra posición es sencilla: el dinero público no debe ir a la escuela privada, ya que este pertenece a todos. Para nosotros, la única escuela libre es la pública.


La laicidad no es una especie de balanza donde sopesar las diferentes las influencias religiosas, para apoyar la ley, o para llevar a cabo su resultado y así definir las diferentes reglas de la vida pública con el mínimo común denominador de creencias privadas. Dichos modelos pueden orientar a la comunidad en su diseño social pero no puede ser el punto de referencia, fluctúa en la actualidad, en la naturaleza, de nuestra identidad republicana. En el espacio público, el laicismo es soberano; las decisiones privadas son indiferentes desde el sus eventos o condiciones de ejercicio mientras no sean contrarias al orden republicano.


Esta es la razón del porque una república laica no tiene que preocuparse por el censo y clasificación de las religiones, basándose en el número de sus seguidores o su grado de implantación histórica, esto es una estadística que se sitúa claramente fuera de los deberes de la República.


Hemos dicho que el principio de neutralidad laica se erigió como un baluarte. Esta regla no quiere decir que la neutralidad del Estado sea pasiva, es activa. La escuela, al utilizar este ejemplo debe, por supuesto, ser protegida de la invasión de la fe, pero también de la influencia económica y partidista. Es el bien común, de ello se desprende que el dinero no puede ser un factor de discriminación en la escuela - y la mercantilización de las universidades públicas deben ser combatidas -.


La Escuela es, justamente, una de esas instituciones públicas, donde es preciso observar -de forma más escrupulosa- el principio de laicidad o neutralidad por tener como función la satisfacción de un derecho universal, como es la Educación, que atañe al conjunto de los ciudadanos sin excepción.


De acuerdo con los fines que le son propios, la Escuela ha de educar sin dogmas, en conocimientos científicos y universales, en valores humanistas y cívicos, en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad, sobre la base de la igualdad en dignidad y derechos, en los principios éticos y democráticos que son comunes a todos, sin distinción.



Los Centros Escolares NO deben ser, en ningún momento, un lugar de exclusión y discriminación. Niños y niñas no deben ser separados en función de las creencias o convicciones de sus familias. En consecuencia, la religión, en sus formas confesionales, debe salir del currículo y del ámbito escolar, con el fin de respetar los derechos de toda la comunidad educativa y para que no se interrumpa el normal funcionamiento de la organización de los centros educativos.


Una apuesta decidida por la Escuela Pública, Gratuita, Democrática y Laica, por parte de la sociedad y de los poderes públicos, es una garantía para avanzar hacia un modelo educativo integral, compensador de desigualdades y que eduque para la convivencia, dentro de un proyecto común de ciudadanía, inclusivo. Actualización de la campaña: Ante los ataques que está sufriendo la Escuela Pública y ante la confusión de algunos mensajes sociales y políticos, reafirmamos nuestra lucha por una Escuela Pública Laica, que garantice el derecho universal a la Educación, en el respeto estricto a los principios democráticos.


Por ello, los republicanos exigimos:

  • La derogación de los Acuerdos con la Santa Sede.

  • Que la religión deje de formar parte del currículo y del horario lectivo, saliendo de la Escuela.

  • Que ninguna simbología religiosa tenga presencia institucional en los centros escolares.

  • Que con dinero público no se financie el adoctrinamiento religioso en ningún centro escolar o que segregue por razón de sexo o por otra naturaleza ideológica o social.


Alternativa Republicana no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.



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