top of page

La crisis del sistema internacional de la ONU



La crisis del sistema internacional de la ONU

La prueba de la práctica del “Alto el fuego” que se demanda en Gaza


La denuncia por genocidio presentada por Sudáfrica contra el Estado de Israel y quienes financian y arman la agresión militar ha venido a poner en crisis todo el sistema internacional de Naciones Unidas. La denuncia se ha convertido en la gota de dignidad que desborda el vaso de la guerra y la destrucción. La importante adhesión a la denuncia por parte de todo tipo de países, partidos, sindicatos y colectivos sociales, que se están expresando por el alto el fuego inmediato, y por una solución justa y democrática, prefigura un frente internacional en oposición a la guerra, que para realizar sus aspiraciones necesita cambiar el sistema internacional de las Naciones Unidas, dominado por los amos del mundo; por los señores de la guerra. Lo que viene a dar al aún débil movimiento contra la guerra un cierto rango universalista, basado en un posicionamiento global frente a los planes imperialistas de destrucción de sectores de la humanidad.


El derecho internacional, y el derecho internacional humanitario, han sido pisoteados por las grandes potencias; y en primer lugar, por los EEUU, que establecen, controlan y manipulan a su antojo el sistema de Naciones Unidas en su conjunto.


La ONU fue creada en 1945, impulsada por los EEUU, que contó con el apoyo de la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia, con el objetivo principal de “preservar a las generaciones futuras del flagelo de la guerra”. El sistema económico y financiero había sido establecido también por EEUU un año antes. Los Acuerdos de Bretton Woods permitieron la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, convertidos en centro del manejo financiero del mundo entero. A este entramado internacional establecido por interés de EEUU es lo que se denomina Sistema de Naciones Unidas.


Desde la guerra civil de Siria de 2012, que luego se transformaría en conflicto permanente de ámbito internacional, no han dejado de multiplicarse los frentes de guerra. La misma ONU reconoce que en 2022 se registraron 184 conflictos armados de distinta intensidad. La mayoría promovidos por las grandes potencias, las mismas que controlan el sistema económico-financiero y gozan de derecho a veto, pisoteando la Carta de la ONU y el mismo derecho internacional.


El respaldo internacional al Genocidio de Israel está patrocinado por los EEUU y sus aliados, de la misma forma que el sostenimiento de la guerra en Ucrania. La OTAN prepara un ejercicio militar en Europa (“Firme Defensor”), uno de los más grandes que se ha realizado, cuyo objetivo no es otro que preparar la movilización total de la OTAN para ampliar el frente de la guerra de Ucrania. El almirante holandés Rob Bauer, presidente del Comité Militar de la OTAN, ha venido a declarar la necesidad de “una transformación de la OTAN para combatir una guerra” …/… “será toda la sociedad la que se verá implicada, nos guste o no”. Como bien saben quienes promueven la guerra imperialista, no basta con necesitar la guerra en defensa de los intereses oligárquicos; además hay que reunir determinadas condiciones políticas, y de entre ellas la relativa a la derrota de las organizaciones obreras y populares, que mantienen las demandas políticas y reivindicativas.


La lucha de clases nacional e internacional es quién en última instancia decidirá. Por ello, habría que insistir en la necesidad del reagrupamiento político y sindical, y del mismo movimiento internacional contra la guerra. Una Conferencia Internacional contra la guerra sería factible reagrupando las miles de organizaciones que denuncian el genocidio del Estado de Israel, y se oponen a la guerra de Ucrania. Las próximas elecciones europeas serán un momento político clave para la lucha de clases y los esfuerzos en el terreno del reagrupamiento. 


La denuncia por genocidio de Sudáfrica viene a coincidir con el tiempo político en el que desde diversas posiciones políticas y jurídicas se demanda que la “ONU debe reinventarse si quiere sobrevivir”. Poniendo de relieve que el sistema de seguridad colectiva y de gobernanza global, establecida por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, solo sirve los intereses de unos cuantos países, perjudicando a la inmensa mayoría de la humanidad. La cuestión que nadie puede ocultar es que el sistema de la ONU está montado para vulnerar los principios de paz, seguridad y promoción de derechos humanos, que de forma contradictoria dicen defender. 


La extensión de las formas de explotación y desigualdad y las guerras que se multiplican son una buena expresión de esta crisis del sistema internacional, que se opone a la igualdad que debería presidir su funcionamiento, privilegiando en todo momento a las grandes potencias, cuando cerca de 400 millones de personas en todo el mundo necesitan de ayuda internacional para satisfacer sus necesidades básicas de supervivencia. La desigualdad entre países y el sistema caciquil impuesto por las grandes potencias conoce fenómenos de nuevas alianzas entre países. Es el caso de los conocidos como BRICS, que se reclaman “del Sur Global”; concepto harto confuso, en tanto que de hecho en cada sur pobre hay un norte rico; y en cada norte rico hay un sur pobre. De forma que el “Sur Global” es inexistente, tan inexistente como el “Norte Global”.


Antes de la última Asamblea General de la ONU, se reunían los principales representantes de los BRICS en Sudáfrica. Uno de sus portavoces, el brasileño Lula Da Silva, declaraba en su discurso en la ONU: “La ONU necesita cumplir su papel de constructora de un mundo más justo, solidario y fraterno; pero sólo lo hará si sus miembros tienen el coraje de proclamar su indignación ante la desigualdad y trabajan incansablemente para superarla”.

La acumulación y centralización del capital financiero acelera la riqueza de unos pocos y la miseria para la inmensa mayoría. El poder económico y financiero ha sido entregado a las grandes empresas y fondos buitre por los gobiernos, sean estos del color que sean. La economía y la política para todos han sido secuestradas por unos pocos, y la consecuencia es el desplazamiento de la mayoría de gobiernos hacia la derecha, hacia formas de fascismo que se creían superadas. No es una cuestión de tal o cual dirigente político y/o sindical, de tal o cual país; es la puesta en cuestión de las formas de democracia y de los derechos sociales y democráticos por los grandes propietarios.


La prueba de la práctica de estos días está concentrada en la expresión jurídica del sistema de Naciones Unidas, es decir, en la Corte Penal Internacional, que debate la demanda interpuesta por Sudáfrica, solicitando como medida cautelar el inmediato alto el fuego en Gaza contra el genocidio del Estado de Israel. Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad concentran la crisis y descomposición de esta institución internacional: la arquitectura de la ONU, los poderes, vetos y privilegios no responden a las necesidades de la humanidad. Personalidades del mundo de la política internacional, conscientes de la crisis del sistema, no dejan de repetir que “si la ONU no existiera, se debería inventar de nuevo”. Claro que sí, pero la cuestión es sobre qué bases se establece un nuevo sistema internacional fundado en la soberanía de los pueblos y en la igualdad entre ellos.


El sistema imperialista está quebrado, y la quiebra se expresa en lo fundamental en los planes de recesión económica y guerra. El reagrupamiento por la paz y los derechos democráticos y sociales son la clave ante las próximas elecciones europeas.



Por ello os llamamos a participar de la Marcha a Madrid del día 27 contra el genocidio del Estado de Israel: ¡Alto a la guerra y el genocidio!  



11 visualizaciones0 comentarios
bottom of page