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El postureo de las luces violetas


Francisco J. Gordo.

Alternativa Republicana.

Publicado originalmente en AguilasNoticias.com


Desde hace más de cien años se celebra cada 8 de marzo el día de la mujer trabajadora, desde que en Copenhague se aprobase a propuesta de Clara Zetkin en 1910 durante la segunda conferencia internacional de mujeres socialistas. Allí, mujeres de renombre en nuestros días como Rosa Luxemburgo reivindicaron el voto universal y los derechos laborales.

A partir del año siguiente, cada año se celebró multitudinariamente para crear cambios tangibles en la sociedad. En Europa se dieron mítines donde acudieron más de un millón de personas, allí se trataban temas como el acceso de la mujer a la política, el derecho al voto, el acceso a la formación y la discriminación laboral tan acusada del momento.

Menos de una semana después de la primera movilización en todo el mundo por los derechos de la mujer, en 1911, precisamente por reivindicar sus derechos, prendieron fuego a una fábrica de camisas en Nueva York. Donde 123 trabajadoras y 23 trabajadores fueron asesinadas presa de las llamas al haberles encerrado dentro. Sin duda un asesinato en masa propia de una alimaña más que de una persona.

Ese hecho obtuvo el efecto contrario, ya que no sirvió para acallar a las trabajadoras, sino para generar una protesta social que les diese alas para cambiar las condiciones laborales en EEUU.

En la actual Rusia podemos encontrarnos que durante la primera guerra mundial debido a la crisis económica y la hambruna, cerraron una fábrica de Petrogrado dejando a más de 30.000 trabajadores y trabajadoras en una situación desesperada, lo cual fue el caldo de cultivo necesario para fomentar mítines y manifestaciones multitudinarias. Y este hecho, desencadenó la Revolución de 1917 contra la monarquía y los Zares sin ni siquiera haberse organizado con los partidos y agrupaciones que también participarían.

En España hubo también intelectuales de renombre como Emilia Pardo Bazán o la propia Concepción Arenal, que se disfrazó de hombre para estudiar derecho.

Más tarde, las mujeres conquistarían la igualdad política de la mano de la II República, incluso subirían el nivel de sus coetáneos; nombres como Federica Montseny o Dolores Ibárruri nos vienen a la cabeza cada vez que pensamos en mujeres luchadoras por los derechos de las personas y con la mente puesta en la lucha de cada conquista social para la mujer.

Poco más tarde, en defensa de los valores democráticos ante la sublevación del ejército español hacia su patria, se llegaron a crear las secciones milicianas de “Mujeres Libres”, que nació años antes como una manera de vivir el anarcosindicalismo obrero de la CNT, teniendo una revista homónima que daba voz a sus reivindicaciones como a la lucha, contra la prostitución entre otras cuestiones. Ya que supone una lacra el hecho de que el cuerpo de la mujer se ponga en venta, puesto que deja patente que es el hombre el que puede comprarla para satisfacerse a cambio del mero e insulso capital cual bien fungible de mercado.


Es el trabajo lo que dignifica; es por ello que las mujeres luchan día a día para equipararlo sin que exista brecha salarial conforme a los hombres. Que la sociedad vea a las personas como personas sin tener en cuenta el género sería un buen paso a conseguir.

Nuestro problema como sociedad, a día de hoy claramente machista, es que los derechos fundamentales son para nuestros gobernantes un bien de mercado. La vergüenza ajena que pasamos diariamente con propagandas y postureo es demencial. El apoyo desde la oposición que se vuelve un “si te he visto no me acuerdo” al llegar al gobierno no tiene nombre para tanta bajeza moral. Nuestros valores se compran y se venden en el mercado de los votos.

Llevado al punto del día de la mujer trabajadora, podemos encontrarnos reivindicaciones vacías y llenas de palabras bonitas venidas de nuestros representantes. Donde sobre un fondo de luces violetas y pañuelos morados en el cuello nos vuelven a mentir descaradamente. Quizás porque las palabras se quedan en eso, en palabras.

Quizás cuando deben actuar para evitar la violencia machista, callan y blanquean las agresiones. Quizás porque procuran sacar crédito político a una lucha de generaciones y generaciones de trabajadoras que se están removiendo en sus tumbas (o desgraciadamente, en sus fosas comunes).

No han luchado hasta la muerte tantas mujeres para que ahora nos dejemos engañar por meras palabras. Los derechos son conquistados por la gente digna. Si tiene que venir alguien a concederlo, supone un nuevo trámite de vasallaje para la población.

Cuando vuelvas a ver en redes o en tu círculo cercano alguna foto o algún político con ganas de sacar crédito a través de una pancarta u otro discursito que no va a ningún lado, desconfía. Algo está ganando con la tregua que le das mediante la confianza que te acaba de conquistar con palabras melosas.

Por más que sepulten la historia con el olvido del pueblo, resurgiremos de nuevo para evidenciar lo que hicieron, pero sobre todo, lo que quedó por hacer.



Alternativa Republicana no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

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